Cuando nos ocurre alguna desgracia, miedo, preocupación, desacierto, bancarrota, divorcio, etc., siempre nos ocurre preguntamos: ¿que ha sucedido? ¿En qué nos hemos equivocado? Pero a veces nos consolamos echando la culpa a otros, como si nosotros no tuviéramos nada que ver, o nos conformamos victimizándonos.
Es la pregunta que le hacen los interlocutores al dueño: ¿no sembraste buen trigo? ¿Por qué la cizaña? El amo les responde: «déjenlo crecer juntos, en el día de la cosecha veremos«. Dios respeta la libertad de todos sus hijos/as. Lo que cuenta allí es qué elegimos nosotros. Por eso es tan comprensivo Jesús con Marta: «está bien ocuparse de tantas cosas, pero una cosa es necesaria: escuchar al maestro«. Posteriormente, en otra ocasión, confiesa su fe: «sí, Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el que tenía que venir al mundo«. Es como si Marta integrara a los trabajos de cada día la escucha del mensaje de Jesús.

