San Antonio de Padua es conocido como teólogo realmente práctico y pastoral. Su popularidad en todo el mundo es una prueba clara de su llegada a las personas concretas, las cuales de algún modo, encuentran en él un ejemplo a seguir. Sus Sermones son prueba de aquello, de su vida entregada al pueblo. De ahí su sencillez y su simpleza, un franciscano que prefiere las obras a las palabras y el testimonio de vida a todas las doctrinas. En ese sentido, Antonio es una gracia para la humanidad, una persona, mediante la cual atraviesa la luz de Cristo y de Dios al resto de las personas.
De ello es posible concluir que «la finalidad de la evangelización es precisamente la de educar en la fe, de tal manera, que conduzca a cada cristiano a vivir —y no a recibir de modo pasivo o apático— los sacramentos como verdaderos sacramentos de la fe». Sin duda, este es el eco del testimonio de san Antonio que está presente en su persona y en sus escritos. Entonces la piedad popular se convierte en expresión de la búsqueda de Dios y de la fe, pero orientada sobre todo «mediante una pedagogía de evangelización» que contiene valores que solamente los pobres y sencillos de corazón pueden comprender.
