Santa Ángela de Foligno (1248 – 1309) es una de las místicas más famosas de la Iglesia Católica. Una mística es aquella persona que se dedica a la vida de contemplación y de comunicación con Dios.
Sin embargo, antes de ello, fue una mujer pecadora, orgullosa, vanidosa, dedicada a la vida mundana. Se casó muy joven y tuvo varios hijos. Poseía riquezas, castillos, lujos y joyas, pero nada de esto le hacía completamente feliz.
A la edad de 35 años, murieron sucesivamente su madre, luego su esposo y después sus hijos. En medio de ese dolor, acudió a la Misa del Padre Arnoldo y gracias al mensaje de este se hizo terciaria franciscana. Luego fue de peregrinación a Asís y, allí, san Francisco de Asís se le apareció en sueños para decirle:
— Vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y medita la Pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Ella hizo al pie de la letra todo lo que le pidió san Francisco en sueños y, por eso, posteriormente, fue conocida como la Mística de la Pasión de Cristo. Su meditación asidua de la Pasión de Cristo, hizo de ella una gran mística de tal forma que le dictó en su Autobiografía al Padre Arnoldo, en los siguientes términos:
“Yo, Ángela de Foligno, tuve que atravesar varias etapas en el camino de la penitencia y conversión. La primera: convencerme de lo grave y dañino que es el pecado. La segunda: sentir el arrepentimiento y la vergüenza de haber ofendido a Dios. La tercera: hacer la confesión de todos mis pecados. La cuarta: convencerme de la gran misericordia de Dios para con el pecador que quiere ser perdonado. La quinta: ir adquiriendo un gran amor y estimación por todo lo que Cristo sufrió por nosotros. La sexta: adquirir un gran amor por la Eucaristía. La séptima: aprender a orar con amor el Padre Nuestro. La octava: vivir en continua y afectuosa comunicación con Dios”.
Con todo ello, había logrado que un selecto grupo de hombres y mujeres, terciarios franciscanos, se unieran a su proyecto de vida.
Santa Ángela de Foligno, ruega por nosotros
