La indiferencia significa falta de interés o apatía en relación con las cosas que suceden en el entorno. Así lo advertía Martin Luther King: «No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos». Este abismo («entre tú y nosotros hay un abismo») se puede combatir con estos tres remedios:
- Trabajar la propia persona. Cierta vez, había un comerciante a quien le iba muy bien. Un periodista le preguntó: — Señor, a usted le va muy bien en sus negocios. ¿Cuál es su secreto? Él contestó: — Cada mañana, antes de salir de casa, me hago un propósito: ser amable y ser cordial con todos. Esto me trajo muchos éxitos. Eso quiere decir que tú decides qué tipo de persona quieres ser.
- Dar a cada persona el mismo interés y aprecio que te gustaría recibir de los demás.
- Si está en tus manos hacer algo bueno, ¡hazlo! No lo aplaces. Porque «rico es aquella persona que tiene educación». Educación significa que aunque puedas robar, no robas; estás pasando por la calle y la acera es estrecha, tú te bajas y dices: ¡disculpe!; cuando estás en un restaurante y te traen la factura, dices: ¡gracias! La educación es: el respeto ilimitado por los demás. Cuando las personas tienen esto, son ricos y enriquecen a un pueblo. Por tanto, un país no es rico porque tiene petróleo, gas, diamantes, etc., sino porque tiene educación.
