El creyente tiene la responsabilidad de «morir al pecado y vivir para Dios». ¿En qué consiste esto? En guardar correctamente el orden de las cosas. Por tanto, hay 3 formas de guardar:
- Pon a Dios en primer lugar. Entender que Dios es primero, es respetar el orden de las cosas. Por eso dice Jesús: «El que ama a su padre, madre, hijo, hija más que a mí, no es digno de mí».
- La vida premia al que actúa. Si quieres triunfar, debes levantarte y comenzar a moverte. Si tú no lo haces, nadie lo hará por ti. Por eso Jesús dice: «El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mi. El que prefiera su vida, la perderá; el que la pierda, la encontrará». La hospitalidad de la sunamita, se tradujo en la recompensa de un hijo a pesar de su vejez.
- Nadie que sirve a su prójimo quedará sin recompensa. Ninguna obra buena, hecha con amor, pasará desapercibido. Un zapatero que deseaba ser sacerdote, decidió ayudar a un seminarista pobre. Antes de morir, dijo: «Lo que yo no pude, lo conseguí para él». Por eso dice Jesús: «El que recibe a un profeta, recibirá la recompensa de profeta».
