José es un «hombre que se ha ganado la confianza de Dios». Su figura ofrece tres características propias de un padre «según el corazón de Dios». Un padre así
Dice la Escritura: «¡Regocígese el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa! ¡Sí, florezca como el narciso, que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo!».