¿Cómo reaccionar ante las preocupaciones triviales de la gente? A Jesús le plantean un caso: Si una mujer en vida se casa con varios maridos, y todos ellos mueren, ella también, en la resurrección futura, ¿de quién será esposa? Jesús les contestó: «sólo en este mundo los hombres se casan. Allá, en el cielo, todos serán como ángeles». En otras palabras, les dijo que esas cosas eran preocupaciones triviales. En la Edad Media se ocupaban de averiguar si los ángeles eran varones o mujeres. O cuántos ángeles cabían en la punta de un alfiler. Por eso, la Navaja de Ockam advirtió que ese tipo de asuntos eran preocupaciones triviales.
En cambio, nosotros, en vez de plantearnos preguntas superfluas e inútiles, que no aportan nada, hemos de tener presente: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó lo que Dios preparó para los que lo aman». Es decir, «De lo que no sabemos, no hablemos». Por tanto, no perdamos el tiempo imaginando cómo será la otra vida. Sin embargo, podemos enfocarnos en lo que sí importa. Por ejemplo:
- Si eres colérico, un ogro o un gruñón, y a tu lado un orangután resulta chiquitito, trabaja tu carácter. Lea libros de relaciones humanas.
- Si eres un regañador, deja de regañar. Tu salud va a mejorar. Tu metabolismo funcionará mejor.
- Si tienes cara de piedra o eres un jetón, deja de serlo. Con una simple sonrisa tu cara puede mejorar.
- Si tienes una lengua de ametralladora, o eres 40 de cuello y 60 de lengua, aprende a controlarla.
- ¡No lo olvides! De todo lo que hemos dicho y de todo lo que hemos hecho, un día, tenemos que dar cuentas a Dios.
En suma, seamos como los siete hermanos macabéos y su madre que prefirieron dar la vida y permanecer fieles a la Palabra de Dios, antes que rechazar las costumbres de sus padres y quebrantar la ley de Dios. Por eso, más nos conviene a nosotros orar diciendo: «Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo».
