San Macario (feliz, bienaventurado), que vivió por los años 390, fue un santo que encontró el gusto por la oración, la meditación y el silencio. Pero, un día, sucedió que una mujer le calumnió de que el niño que llevaba en su seno era de Macario. La gente se molestó con él y fue arrastrado por la calles.
Sin embargo, él, en silencio, oró fervientemente a Dios pidiendo que les hiciera saber a todos la verdad. Dios escuchó su plegaria. Y sucedió que la mujer, antes de dar a luz, comenzó a sentir terribles dolores hasta que confesó quién era el verdadero padre. Sólo entonces pudo dar a luz a su hijo. Consecuentemente, Macario fue admirado por su inocencia, humildad y paciencia con la que aguantó aquella calumnia.

