El siervo de Dios contesta a Dios, diciendo: «habla, Señor, que tu siervo escucha«. Y, san Pablo, expresa la característica de ese siervo de Dios, cuyo cuerpo es el
“Ha nacido para ustedes un Salvador que es el Cristo”, “gran luz”, “príncipe de la paz”, “consejero maravilloso”, quien “vino a este mundo trayendo la salvación a los hombres”,