La fe cristiana no es para vivirla en privado sino para ser vivida de una manera altamente contagiosa. Esto significa ser «sal de la tierra y luz del mundo».
Jesús nos ofrece hoy siete premios gordos: «El Reino de Dios (alma de pobres y los que practican la justicia), el consuelo (afligidos), la tierra como herencia (mansos), saciedad (hambre